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Foster (y su séquito) siguen adjudicándose proyectos uno tras otro. Si ??ltimamente se hablaba de los primeros edificios de la Ciudad de la Justicia de Madrid (y su polémica elección a dedo) o del puerto que sufrió un gran rechazo en Cangas, fuera de nuestras fronteras ha llegado nada más y nada menos que hasta San Petersburgo para una reconstrucción del distrito de Nueva Holanda (aquí­ os pongo la web del proyecto, pero no me entero de nada porque está en ruso!), hasta Mosc?? para levantar un rascacielos, e incluso hasta Astaná, la capital de Kazajstán.

Allí­, en la ex-rep??blica soviética, está levantando una ciudad-invernadero de “ciencia ficción” para crear una faraónica sede del Gobierno del paí­s en medio de la estepa asiática.

Todo comenzó cuando en 1994 Nursultán Nazarbáyev (el entonces presidente) decidió trasladar la capital desde Alma-Atá en el sur hasta el norte en Astaná, muy cerca de Siberia. Esta zona sufre inviernos de 6 meses que rozan los -40¬?C (!!!), con lo que es una de las capitales más frí­as del planeta. Y en rescate llega Foster, proyectando un gigantesco manto, como una carpa transparente con forma de tienda de campaña de hasta 150 metros de altura, y cuyos materiales provocarán un efecto invernadero que permitirá albergar un oasis templado en el centro de la ciudad, y albergará plazas, calles con tiendas e incluso campos de golf y una playa paradisí­aca con palmeras…
Por cierto, que Foster ya ha inaugurado (con una ópera de Montserrat Caballé) en Astaná otro edificio: el Centro de Convenciones, con forma de pirámide de 62 metros de altura, no menos “llamativo” (artí­culo).
Parece que el petróleo relanza el colosalismo de los proyectos soviéticos al más puro estilo Desafí­o Total.

Complejo Jan Shatiri en Astaná;